Hay momentos en que la vida deja de responder con la claridad que esperábamos. La brújula parece haberse quedado quieta y cada camino posible trae consigo una pregunta nueva.
Durante mucho tiempo creí que avanzar significaba saber. Tener el plan, reconocer la señal correcta, poder explicar hacia dónde iba. Hoy sospecho otra cosa: a veces avanzar es permitirnos dar un paso sin convertirlo en una promesa de llegada.
No saber no siempre es estar perdida. A veces es estar disponible.
Hacer espacio
Cuando dejamos de exigir una respuesta inmediata, algo se afloja. La pregunta ya no es un problema que resolver sino una habitación en la que podemos entrar, mirar alrededor y escucharnos con más honestidad.
No todas las decisiones nacen de una certeza. Algunas nacen de una calma pequeña, de una sensación corporal, de eso que se expande apenas cuando imaginamos una posibilidad.
Quizá hoy no necesites saberlo todo. Quizá baste con reconocer cuál es el siguiente gesto que te acerca a ti.